Melancólicas cóleras

hombre, único animal que hace armas para balearse a sí mismo ¿Qué te hace justicia? los veintes los treintas los cuarentas los antes y los después son todos iguales Qué es lo que nos duele de la sangre su color o no sentirla la sangre dada igual duele es de otro color? igual no moriremos […]

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Si los muertos pudiesen enviar correspondencia
desde la oficina postal,
en la esquina de una dimensión inconcebible,
¿contestarías mi última carta
la de falta de sentido y de gracia,
la que ignoraba toda nuestra correspondencia
y nos desconocía?
aunque muerto, mejor ignórala
contesta otra,
en la que te pregunto si te dio tiempo siquiera
para morir por tu propia mano,
o si fue en tu casa,
en el cuarto de baño
o junto a tus gatos
al lado de lo que nunca conocí.
Pero a ti sí, te vi de distintas formas
y en algún momento me bastó conocerte y,
luego, lo que no me alcanzó, fueron tus cartas.
Te vas a reír cuando leas esto,
vas a patear la urna o la ola más cercana,
de la risa que te causará vas a revivir.
Todavía conjuro en cada rostro nuevo de hombre,
en cada muesca de sus expresiones, una duda
que deje entrever la suerte de una correspondencia.
Pero no. Creo que ya nadie se desnuda así,
no de esa forma
—les sobra esa desnudez que tú y yo nunca conocimos—
plena de ternura,
de querer saber del otro impacientemente
de querer, de alguna forma, habitarnos
en la entraña complejidad de nuestras vidas
escribiéndonos hasta el hastío.
Y, sin embargo, no sucedió
yo no me harté
porque sigo donde sea esperando
lo mínimo
un telegrama.

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Canarios

Abuela: cuando vivías te tenía que llamar «mamá conchita» yo siempre te quise decir «abuela» y tutearte sí te quería y te quería cazar una tortolita pero la trampa no funcionó con tanto estruendo corriendo por la casa, pero ya tenías canarios amarillos, muchos que cuando morían envolvías con servilletas blancas y los depositabas después […]

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Los grandes conversadores

Para ser un gran conversador hay que, posiblemente, comenzar a vislumbrar las posibilidades de una conversación, hay que acercarse, no poco, ni demasiado, al ser místico y nuevo; te acercas sintiendo las costuras de tus bolsillos o el deshilache en expansión; sintiendo, a la vez, la mirada del contendiente o futuro fraternalista; sintiendo, además, el […]

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no lloré al principio ya sabes que al principio nada se siente como debería —tampoco mi primer beso lo sentí— la primera vez siempre tiene algo de farsa que raro que hayas sido mi primer muerto —qué farsa, madre— cuando me avisaron sin avisarme —porque le dijeron a la abuela— yo estaba viendo todo sin […]

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Las palabras crujen

Las palabras crujen, crujen en su incertidumbre, en el vaho halo, de su exhalación crujen sus deseos impronunciables… Crujen las palabras como ramas a nuestro rededor. Fuera, acaso un fresno… El fresno y yo, que lo supongo. Un hombre que arborece. Un hombre y sus palabras que crujen… Una lee y no puede evitar girar […]

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El poeta tiene celos

No de alguien ni de algo sino de sí mismo siente celos de su pasado y de su futuro abstractos siente celos de su futuro y de su pasado concreto siente celos de la latitud y la longitud de sus viajes imaginarios todos de él, sino todo y de su abstracto futuro y de su […]

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Bolsillo

Eras una mujer pequeña que cabía en el bolsillo de mi pantalón que quería deshilar costuras porque creías en la ocasión. Al ser incorpórea, y tú, tan pequeña no hubiésemos podido soportar la existencia.

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Urgentemente me hace falta

Me hace falta, urgentemente me hace falta que deje de faltar que deje de saltar de una idea a otra deje de pensar en el después me hace falta tiempo para dejar para dejar de dejarme dejar de irme e hilar me hace falta dejar el sexo por mi sexo dejar el sueño para la […]

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Plañideras

Lloro lloro demasiado lloriqueo —da lo mismo— en el centro o en la esquina. Sollozo y combato con la noche por una trenza de silencio. Me bofo, de cada lágrima, rebosante cuan esperpento desgarrado sin motivo alguno ni ausencia que se salve de estas plañideras del sino.

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Un signo somos dos

“Un signo somos, indescifrado, Sin dolor somos, y en tierra extraña Casi perdemos el habla”. Hörderlin Reconocernos como un signo indescifrado nos ennoblece, nos hace solidarios con el otro y si tenemos suerte(?), el acto puede ser recíproco. Algo parecido a un reflejo es una relación, un gesto mutuo en vez de, más o menos […]

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Es mi cuerpo ni…

Es mi cuerpo ni un nosotros
pura tontería, vago sin cobijas,
sabio que no sabe nada.

Cuerpo por añadidura: presente,
dulce de lado a lado
débil como yo
delator: se enamora
ciegamente: cuerpo.

Calla, se arrepiente
—quiere vivir sin él mismo—
siente el dolor en la garganta
en la boca, en la grieta enterrada de la carne

Hincados los dientes
no puede gritarse a sí mismo:
¡Cuerpo!
Y se duele.

Quiero dejar de ver este cuerpo como ausencia
o esta ausencia como cuerpo
que en ningún momento calle;
que viva entre mis manos.

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